domingo, 29 de septiembre de 2013

Pinceladas a oscuras: “Colours in the dark” de Tarja Turunen


Previsiblemente, todo empieza con una adolescente que llega a su casa con un severo caso de angst que todavía no es la crisis de angustia de la depresión clínica, pero que sí es la disconformidad absoluta con su cuerpo, su personalidad, la escuela y, en consecuencia, el mundo. Por entonces, yo (que soy esa adolescente, aunque a veces prefiera desentenderme y tratarme de “ella”) ya me he “desviado” del pop rosa de Britney y Christina. Avril Lavigne, por su parte, me está empezando a quedar chica; hay rincones del angst que su estilo prolijamente transgresor no termina de comprender. Ya he descubierto algo del rock (a cosas tan dispares como U2, Nirvana y los Rolling Stones) pero sobre todo ya he descubierto a Amy Lee, la mujer pálida de pelo negro (por fin no rubio), que en su caída libre de un edificio cantando “Bring me to life” sabe captar esa parte de mi trágica melancolía adolescente asquerosamente post-romántica que la chica punk menos punk y más pop de la industria falla en englobar con su “Sk8er boi”.
Ese día llego a mi casa, digo, atravesada por el angst, pero con un nuevo cd. Me lo recomienda el hermano de una compañera que también sufre del angst, y que sabe que me gusta Lee. El cd se llama “Century child” y es de la banda finesa Nightwish. El chico me ha advertido: “Esta mina hace que Amy Lee le lama el culo”. Lo dudo, porque -hay que admitirlo- hasta ese día creo que el rock pesado está poblado de hombres y que Evanescence es la única excepción. Pero igualmente pongo play, me tiro en mi cama a mirar el techo y lo que empiezo a escuchar es muy extraño. Después de un breve recitado irrumpe la voz de una soprano lírica cantando encima de guitarras distorsionadas, una percusión furiosa y un sintetizador que suena como una orquesta de cuerdas. Es raro, y casi me río, pero sigo escuchando. Con “End of all hope”, el segundo track del álbum, creo que me empieza a gustar. Con el piano en los primeros segundos de “Ever dream”, cortados en seguida por las guitarras, la batería y el sintetizador, creo que he dado con el mestizaje musical que ha atravesado mi vida desde que empecé a estudiar piano a los 8 años: la “alta” música que me enseñan en el conservatorio y la música popular que escucho en la radio o, cada vez menos, en MTV y Muchmusic.
Con el cover de “Phantom of the opera” me levanto con urgencia de la cama y voy a la computadora. Tengo que investigar. Pongo Nightwish en Google y leo. Nightwish es una banda finesa creada por Tuomas Holopainen. Está integrada por Holopainen al teclado, Marco Hietala al bajo, Emppu Vuorinen a la guitarra y Jukka Nevalainen a la percusión. La voz es de Tarja Turunen.
Desde ese momento, escucho todo lo que ha venido sacando Nightwish desde su creación en el 98. Me impulsan las letras poéticas de las canciones (habitadas por la nostalgia de una infancia perdida con la que me siento identificada) y la música cada vez más orquestal, a veces de una tristeza limpia y llana, a veces de una furia y un deseo irrefrenables (extremos que, por su parte, le resultan familiares a mi angst bipolar). Sin embargo, por encima de eso, me llama la atención Tarja. Sacada de contexto, cualquiera diría que su voz entrenada para el Lied alemán no tiene lugar en el ámbito del heavy metal. En el marco de Nightwish, no obstante, su voz se amolda perfectamente al género, a tal punto que otras bandas colosas (Epica, Within Temptation, After Forever) comienzan a animarse a poner front women que juegan de una forma u otra con el bel canto.
El tiempo pasa, Nightwish saca “Once”, hace una gira mundial (que yo me pierdo) y Tarja es despedida por megalomanía en 2005. Tienen que transcurrir tres años para que Turunen saque su primer album solista al frente de un sonido metalero. “My winter storm” es una ruptura con Nightwish (a quien parece dedicarse la referencia al requiem de Mozart en las primeras notas de “Ite, Missa est”, y la declaración del primer single, “I walk alone”) a la vez que es el punto de partida de una carrera que ha desembocado en “Colours in the dark”, el último album de Tarja, lanzado en agosto de este año. En el medio están “What lies beneath” y “Act I” (este último un promedio de los dos anteriores) marcando el giro hacia la complejidad que presenta “Colours in the dark”.
Del nuevo producto de Tarja hay que decir en primer lugar que no es inmediatamente gustable para el oído. Incluso los fans incondicionales tendrán problemas para procesar los cambios de tempo y los largos pasajes instrumentales de música contemporánea que sirven muy bien a la creación de una atmósfera onírica, pero que adivino habrá que recortar para que pueda haber pogo en los recitales en vivo. La participación de la orquesta, específicamente de la cuerda (omnipresente en “My winter storm” haciendo solos y llevando más de una vez la melodía, diluyéndose en “What lies beneath” en el acompañamiento) es menor que en sus trabajos previos. Asimismo, pocas canciones siguen la estructura de lo que se acostumbra escuchar (aun de Tarja), esto es, el orden estrofa-puente-estribillo-estrofa-puente-estribillo-interludio instrumental-estrofa (optativamente, un tono más arriba o más abajo)-estribillo. Es un album desestabilizante en ese sentido. El título mismo es un quiebre en una doble dimensión: por el oxímoron (digamos que es difícil percibir el color en la oscuridad) y porque no es habitual la inclusión del color dentro de un género musical cuyo uniforme siempre ha sido el negro, intercalado ocasionalmente con una paleta cálida de rojos-sangre o una fría de azules-grises.
Si uno escucha el cd con atención y con tiempo, sin embargo, empieza a encontrar pequeñas certezas de las que agarrarse. Canciones como “Never enough” (parecida en su oscilación final hacia el death metal a “Ciaran's well” de “My winter storm”), “500 letters” y “Deliverance” no presentan mayores dificultades que progresiones acaso poco frecuentes. Es verdad que el primer single, “Victim of ritual”, no es fácil de escuchar, pero también es cierto que Tarja nos venía entrenando con “Archive of lost dreams” a cambiar bruscamente el tempo y a pasar de un sonido clásico orquestal al sonido desenfrenado del metal tradicional.
De las más problemáticas es la canción “Lucid dreamer” con su interrupción de más de un minuto de la melodía para dar lugar a un juego de sintetizadores, voces que pronuncian palabras ininteligibles, la risa de un bebé y la voz de Tarja repitiendo el estribillo en recitativo. Ahora bien, ya prevenida, la quinta o sexta vez que la escuché vislumbré en los agudos del sintetizador alguna luz en el abismo del tema. Se podría decir: vi un color (uno solo, tenue pero seguro) en el medio de la oscuridad.
A partir de ahí, todo se tornó más claro.
El inevitable cover que Tarja parece tener que hacer con cada nuevo trabajo esta vez toma a “Darkness” de Peter Gabriel y, lamentablemente, le hace perder algo de su carácter dark, tal vez a propósito, como una manera de pintar un color en la atmósfera perturbadora que tiene el original. Así y todo, el resultado es una versión confusa que no sabe manejar el drástico claroscuro que propone Gabriel (de forma excelente, si se me permite la acotación), convirtiendo a la canción en un elemento totalmente prescindible (e incluso molesto) del album, especialmente después de “Mystique voyage”, una canción donde Tarja nos da la bienvenida a su mundo errante expresándose en las tres lenguas que maneja en los distintos ámbitos de su vida: el inglés para cantar en escenarios internacionales, el español rioplatense que hablará en su esfera privada con su marido argentino, y el finlandés materno.

En suma, “Colours in the dark” es un cd complejo, particularmente íntimo, muy distinto a “My winter storm”, más en la línea de “What lies beneath”, pero superando sus limitaciones. Habrá que escucharlo más de una vez, dispuestos a percibir pinceladas de color en un cuarto a oscuras. 


(El primer single de "Colours in the dark" es arriesgado comercialmente, pero es apenas una muestra del grado de complejidad que tiene el nuevo trabajo de Tarja Turunen. Y sí, a mí también me molesta que el oboe no esté tocando las notas que dice la partitura en los primeros minutos del video). 

No hay comentarios.:

Publicar un comentario