Imagen. Son las tres
de la mañana y no podés dormir. Sos un personaje de un cuento de
Bukowski. Tomaste demasiado y agarrás el teléfono porque necesitás
escuchar la voz de alguien, saber que hay alguien vivo incluso a esta
hora, que no sos el único ser humano con insomnio. Y empezás a
marcar números al azar. Nadie contesta, o si contestan te mandan al
carajo. Eventualmente una voz no te manda al carajo. Sí, es una voz
cansada. Como la tuya, de hecho. Es una voz vieja, rasposa. Pero es
una voz al fin y al cabo. Y vos decís lo que sea que le quieras
decir a esa voz sin cuerpo, le decís todo con esa confianza
misteriosa que uno le tiene solamente a los completos extraños. La
voz calla y te escucha sin interrumpirte. Entonces vos terminás de
hablar y la voz empieza a contar lo suyo. Su historia puede ser
parecida a la tuya o no, pero indefectiblemente es como si la
hubieras vivido vos. No importa qué tan egocéntrico seas, no podés
evitar escuchar a esa voz hasta el final con un interés casi
ridículo, considerando que no tenés ni idea de quién está del
otro lado. Íntima, apenas un susurro por momentos, esa voz
telefónica es la voz del único hombre despierto a las tres de la
mañana que puede hacerte compañía, y te está confesando la
historia de su vida sin sentimentalismos, sin esa auto-compasión
barata que tienen los relatos autobiográficos en su intento por
justificarse. No dudás de que todo lo que la voz dice es cierto,
porque no hay necesidad de mentirle a un extraño por teléfono. Esa
voz sola a la madrugada es la voz de Leonard Cohen.
Es difícil decir
qué canción de Cohen es la más conocida. En sus 80 años, Cohen ha
sido citado, referido y versionado por diversos músicos. Sus
canciones han sido incluidas en la banda de sonido de películas y
series de televisión (“Hallellujah”, por ejemplo, suena en
Shrek, Die fetten
Jahren sind vorbei y
Watchmen), a la vez que han
sido mencionadas en obras literarias (entre ellas, en Libro
de Manuel, del autóctono
Cortázar). Artistas como Jorge Drexler, Joaquín Sabina, Kevin
Johansen, Neil Diamond, Michael Bublé, Lana del Rey y Coldplay han
rendido tributo de algún modo u otro a Cohen, versionándolo,
traduciéndolo, adaptándolo o aludiéndolo como fuente de
inspiración.
Lo
cierto es que desde los 60 hasta la actualidad, pocos artistas han
podido mantener y al mismo tiempo crear una audiencia como Cohen lo
ha hecho a lo largo de medio siglo de trabajo. Su música (en algún
lugar entre el jazz, el blues, el folk y el country) y sus letras
saben hipnotizar a quien las escucha con atención. Y con atención
es la única manera de escuchar a Cohen, porque lo suyo no es la
música de fondo. En este 2014, tan prolífico en canciones sobre
culos y twerking,
Cohen se reafirma como uno de los pocos letristas que le quedan a la
industria fuera del área del rap con su nuevo álbum Popular
Problems (reconocido como una
“obra maestra” por la crítica). Como en trabajos anteriores,
Cohen canta hoy a sus 80 años acerca de la soledad en la ciudad, las
mujeres, la nostalgia, el tiempo. También como en trabajos
anteriores, sus temas tienen la reverberancia de lo sagrado con coros
que por momentos parecen spirituals
recitados en las veredas de las metrópolis, o plegarias a ser
cantadas en una iglesia ficcional dedicada no a un dios sino al ser
humano mismo. ¿Qué tiene entonces este álbum de distinto y por qué
vale la pena escucharlo? Más allá de “porque es Leonard Cohen”,
la razón es un tema como “Did I ever love you” o “My oh my”,
donde Cohen, con su voz quebrada por el cigarrillo y (admitámoslo)
por los años, canta como hace mucho que no lo escucho cantar, y uno
puede sentir el esfuerzo en el desgarro de esa garganta acostumbrada
a murmurar, y es realmente imposible no conmoverse. Es la misma
sensación que puede transmitir Johnny Cash en su cover de “Hurt”
pronunciando a sus 70 años “what have I become / my dearest
friend”, sólo que
en el caso de Cohen, esas palabras son “did
I ever leave you/ was I ever able/ or are we still leaning/ across
the old table”.
En
suma, el álbum es un punto a favor de la música de este año. Se lo
puede escuchar gratis por streaming
en sitios como Deezer o Spotify, preferiblemente a las 3 de la mañana
y con insomnio. Finalmente, apenas cincuenta minutos más tarde,
cuando la voz telefónica de Cohen se despida diciendo “you got me
wishing/ our little love would last”, el sueño podrá venir o no,
pero el desvelo sin dudas no será tan solitario.

