viernes, 6 de septiembre de 2013

Ideas sobre los mockumentaries


Con motivo del estreno de la película V/H/S 2 (un compendio de cortos de directores veteranos del terror) se me ocurre esbozar una aproximación al cada vez más popular formato del found footage o mockumentary. Quiero aclarar que no me parece menor que desde los 90 se venga produciendo la proliferación de películas como Paranormal Activity (1, 2, 3 y 4), Cloverfield, Blair Witch Project (1 y 2), A night in the woods, Rec (1, 2, 3 y 4), Megan is Missing, The Pughkeepsie Tapes, Grave Encounters, Chernobyl Diaries, Fourth Kind, The last exorcism (1 y 2), The devil inside, The last broadcast y V/H/S (entre otras menos conocidas). El cine ha probado ser pionero en poner en evidencia la idiosincracia de la sociedad antes que las demás artes, acaso porque la industria cinematográfica se alimenta como ninguna otra del deseo. En efecto, el cine comercial necesita de las masas deseantes en tanto consumidores, porque ellas son la fuente de sus ingresos.


Pero vamos por partes. Ciertamente no seré la primera en decir que amén de las nuevas tecnologías, específicamente de las redes sociales y de Youtube, en los últimos años ha habido un borramiento de aquella línea que solía distinguir la esfera privada de la esfera pública. Todos los aspectos de la vida que alguna vez pertenecieron a la intimidad (el estado sentimental, la inclinación sexual, los conflictos con la familia, los amigos o la pareja, lo que se hace en el tiempo libre) están ahora, si no totalmente sí parcialmente, expuestos en estados de Facebook, tweets, fotos en Instagram o videos en Vine o Youtube.
Esta superposición de lo público con lo privado coincide sospechosamente con la popularización del formato del found footage y del mockumentary en el cine, y de la autoficción, la ficción histórica y la fan-fiction (de marcado corte autobiográfico) en la literatura. En otras palabras, los géneros, técnicas o formatos que juegan con el límite de la realidad y la ficción están de moda a la par que la experiencia directa se deteriora, interceptada por los medios que nos “enseñan” a interpretar las vivencias.
Ahora bien, ¿cómo leer el fenómeno? ¿Tienen verdaderamente relación las nuevas tecnologías con el género mockumentary? Respecto de lo segundo, sugiero considerarlo como posibilidad, en tanto ellas han inaugurado una nueva forma de relacionarse con los otros y, por lo tanto, una nueva forma de percibir el mundo. En cuanto a lo primero, propongo dos interpretaciones opuestas que dejaré a criterio de quien lea.
  1. Hipotéticamente, al desalambrar la frontera de la intimidad y dejarla desnuda, frente a un bombardeo constante de realidad cotidiana, las masas deseantes que acuden al cine anhelan ver aquello que están acostumbrados a consumir: la privacidad de los otros. De ahí que las películas como la recién estrenada V/H/S 2 atraigan tanto. Finalmente, no se trata sino de sentarse a contemplar, como siempre, la vida de los otros. Las masas deseantes serían masas cómodas, que irían al cine a ver más de aquello que decodifican diariamente.
  2. Hipotéticamente, no hay que omitir que el mockumentary ha encontrado especial éxito en el rubro del terror o del suspenso. Finalmente, lo que las masas deseantes van a ver al cine es a la vida privada amenazada, ya por un elemento interno, sean fantasmas (Paranormal Activity) o algún miembro de la familia enajenado (Exhibit A), ya por elementos externos, sean monstruos a lo Godzilla (Cloverfield) o asesinos tácitos presumiblemente sobrenaturales (Blair Witch Project, A night in the woods). ¿Una metáfora pesimista de la destrucción de la privacidad por la prepotencia de lo público? ¿La inseguridad que genera el encontrarse permanentemente a la vista de los demás? ¿La necesidad inevitable de la ficción frente al avance de la “realidad” (tal y como se la construye en las redes sociales) o, a la inversa, la prueba de que nuestra percepción ha sido tan condicionada por la ficción (producida por internet bajo una ilusión de realidad) que no es posible concebir la vida cotidiana sin su irrupción?

Para concluir, me remito a The last broadcast, una película de 1998 (de los primeros mockumentaries de terror) que plantea con 15 años de anticipación lo que hoy es materia común de análisis, a saber: ¿dónde está la realidad y dónde la ficción en la era de las telecomunicaciones, los medios masivos y las redes sociales que filtran toda experiencia que tenemos de esa realidad? 

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