En Octubre se estrenará la nueva
película de Sofia Coppola, Adoro la fama,
(título original, The Bling Ring). En
esta última entrega la directora reconstruye, cinematográfica y artísticamente,
el caso de robos a hogares de famosos que un grupo de adolescentes llevó a cabo en
Hollywood. Interesante es que algunas celebridades-víctimas tengan un
pantallazo en el film. Interesante es que el personaje interpretado por Emma
Watson haya tenido su propio reality-show
en la vida real. Interesante es que
el relato del robo sea intercalado con otros formatos narrativos: documental, cámara de seguridad, entrevista, declaración a prensa y
declaración a cámara. Esta modalidad símil documental (¿símil reality?) interrumpe reiteradas veces el relato de los
hechos y el transcurso de la acción. El film proyectará sus imágenes en una
línea clara: aquella que permea la esfera pública con la privada.
Estas víctimas/celebrity invaden
nuestra esfera privada cotidianamente. Paris Hilton, principal víctima en la película[1],
ha entrado en nuestros hogares a través de la pantalla de Fox (su reality la
enmarcaba a ella y a su entonces “bff” Nicole Richie trabajando en granjas y otros
lugares “degradantes”…) y luego a través de MTV. Otra estrella de la
reality-tv saqueada fue Audrina Patridge (The
Hills, también por emptyV). Esa irrupción en nuestros hogares quedará puesta en jaque con el robo e ingreso de estos jóvenes a sus hogares.
Si bien la historia de Coppola ha
sido leída como una “oda a la superficialidad de Hollywood”, o “una celebración
a la fama por la fama misma”, el film es en realidad mucho más que eso: es el
relato de la apropiación del otro (de la celebridad) o de su espacio y sus
objetos re-constituyéndolo ahora como una extensión: tocar
y alcanzar al otro (a la celebrity)
así como el otro nos toca y alcanza a nosotros. Estos jóvenes nos muestran la novedad: forman un espacio a partir de la inversión de invasiones de esferas. Ya la relación con las celebridades no es unívoca. Ese camino único de entrada se rompe y se invierte: los adolescentes entran en las mansiones (¡horror!).
El robo es la actividad de
enlace que conecta esas esferas que se tocan de mil maneras virtuales (redes sociales,
televisión, exposición pública, deseo de fama, etc.), pero nunca (hasta el robo) se conectan de manera material. El grupo de jóvenes entra
en la casa de Paris y no sólo roba sus objetos, también ingresa a su boliche
nocturno. Ellos se mueven por ese espacio como si fuera el de propio y así enlazan una
continuidad o quizás hasta un nuevo espacio de contacto entre lo público y lo privado: Paris, vos entraste en nuestras casas, ahora nosotros entramos en la
tuya.
Otro elemento que permite esta
lectura (esta inversión o ruptura entre lo público y lo privado, entre la
realidad y la ficción) es la sala de la casa de Paris Hilton. Esta puesta en
escena permite que se observen objetos y muebles de estilo Luis XV
que remiten a la puesta de María
Antonieta, a ese palacio de Versalles retratado en 2006: espacio que exuda
la potencia de su toma, de su arrebato, de su saqueo futuro. Aquel saqueo que
esa película no muestra, en The Bling
Ring es particularmente importante ya que se muestra reiteradamente. El film es
la frecuencia de los robos, se constituye en aquello que María Antonieta no muestra. Estos ingresos configuran un modo de rebeldía juvenil que funciona a partir de unos
personajes (que sin explicar demasiado) buscan la fama a través del saque. Los infiltrados cruzan las esferas espaciales y discursivas entre lo
público y lo privado, lo real y lo ficticio, y lo llevan a cabo con una ingenuidad, con una familiaridad...
Robar a una celebridad es hacerte
una celebridad, es cruzar un umbral que ni la ley detiene. Recordemos que a
pesar de que fue condenada, Alexis Neiers (Nicki por Emma Watson en la
película) tuvo hasta su propio reality-show en E! y constantemente en el sitio web del canal nos informan de su
estado de cuestión.
De esta manera el film de Coppola capta un mito de apropiación material del otro, de esa constitución del otro como objeto idílico: en el caso de María Antonieta la toma y apropiación de un modelo político que está por caer; en el caso de Las vírgenes suicidas, la apropiación (momentánea) de ese grupo de hermanas que está por dejar de existir. En este caso se captura el mito de la apropiación de las celebridades, de su materialidad e imagen a partir de la inversión y transgresión. Es
otra historia que mitifica algo que está en crisis: una división de esferas que está llegando a su ruina y constituirá nuevos cruces, nuevos modos de ser.

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