La segunda parte de la saga Los juegos del hambre propone una
interesante disputa al nivel del personaje principal y narradora, Katniss,
quien se debatirá entre la elección de su mundo individual privado o la
elección de una lucha pública colectiva junto a los distritos marginados por el
Capitolio de Panem.
Hacia una rebelión
Cansada de ser un peón del juego
mediático monopólico del presidente Snow, la reciente ganadora de Los juegos
del Hambre deberá tomar una decisión: huir con su familia o quedarse a pelear
con sus pares marginados, morir sola escapando o morir luchando por una causa.
La condena es la misma. Cuando opta por lo segundo, luego de atestiguar la cruel
tortura sufrida por su mejor amigo en manos de las fuerzas del Estado, comienza
a descubrir de a poco que todo sistema, por más poderoso que parezca, por más
orquestado que se encuentre, por más verticalista que sea, tiene su grieta. Los
alambrados nunca están completamente electrificados, los agentes de paz no
siguen todos el mismo régimen de tortura y el mayor exhibicionismo del poder del
Capitolio, Los Juegos mismos no son sistemas perfectos. Al respecto (y para no
spoilear mucho la trama) nos referiremos a un hecho particular: el relato
acerca de cómo Haymitch, mentor de Katniss y Peeta, ganó los juegos varios años
atrás.
Haymitch
va derecho a su barranco y, justo cuando llega al borde, ella lanza el hacha.
Él se deja caer en el suelo y el hacha sale volando hacia el abismo. […] Lo que
ella no sabe y él sí es que el hacha volverá. Cuando lo hace, sale volando del
borde del barranco y se clava en la cabeza de la chica. (Collins, 2013:212).
La victoria de Haymitch está
basada en un error, un bug, en el diseño virtual de la arena. Lo estético, lo
visible, lo bello: el espacio de los juegos del hambre presenta grietas. El
mentor del distrito 12 no ganó sólo por su habilidad asesina, por ser el mejor
tributo, ganó por un error del sistema impuesto por el Capitolio. Será el
inicio de una grieta y de una germinación de la rebelión.
Hacia algo nuevo dentro de un
género literario comercial
Así como Haymitch prueba las
grietas del sistema opresivo del Capitolio, esta arrobera cree que la autora, Suzanne
Collins, hizo algo parecido con el género en el que (¿la editorial?, ¿el
marketing?, ¿el mercado?, ¿todo?) inscribe esta obra. Charloteando con una
querida lectora de AC, recibimos su indignación frente a la simplona
categorización del libro en el género juvenil. Razón tiene. Pero lo más
importante es que puso a esta arrobera a pensar (¡milagro!): ¿En qué estante de
mi biblioteca (real o virtual, si queremos hacernos los cancheros) colocaría
esta copia? Mi biblioteca (me refiero al mueble heredado de mi abuela) no está
ordenada alfabéticamente (por ahora) y tiene (entre otros) un sector
“anglófonos”. Allí definitivamente lo ubicaría. ¿Y después? ¿Qué grieta abro
entre los libros? ¿Entre cuáles lo pongo? Respondiéndole a ese comentario
mencionado se me ocurrió Ray Bradbury y Patti Smith. Bradbury por el tipo de
relato distópico y Patti Smith por el tipo de relato femenino/autobiográfico. Ahora
bien, ¿no es esto último pero a nivel “ficticio” (de mentiritas) el tipo de
relato juvenil en estos días? Twilight sí,
Fifty Shades (su versión erotic), sí
¿Pero qué pasa con otros como Ciudad de
Hueso y Harry Potter narrados en
tercera? Lo femenino, y la primera persona no son elementos constitutivos de la
“saga juvenil” (aclaro esto, porque lo leí por ahí y me pareció reductivo y
banal). Mi elección por ponerlo entre Fahrenheit
451 y Just Kids comienza a alejar
al libro del relato juvenil (si es que existe, si es que esa denominación no es
más que una forma de lanzarlo al mercado inmediato). Lo único que el libro
comparte con el relato juvenil es que la protagonista es joven y está por
momentos sumergida en un triángulo amoroso como en Twilight, salvo que acá al menos está bien escrito (sí, ya fue, lo
dije). Tomar el relato juvenil y agrietarlo (y encima gusta). Esta obra es una
buena manera de irrumpir (y romper) el sector en el que algunas librerías la
colocan al lado de Crepúsculo.

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