lunes, 14 de octubre de 2013

Lana del Rey y el dark side del American dream


Lana del Rey visitará la Argentina en el marco del Planeta Terra Festival que se llevará a cabo en Tecnópolis, en noviembre de este año. Francamente sorprende la aparición de del Rey en estos pagos, ya que su música no parece cuajar bien en los medios masivos de difusión, de los cuales está casi ausente. Y es que la nueva diva del ¿pop? es poco conocida por aquí, y con razón: es por demás difícil escuchar su música fuera de su país de origen, donde sus alusiones al American way of living pueden resultar poco simpáticas. Ni The Guardian, reconocido diario inglés, pudo tolerar el campo semántico yanqui que chorrean las canciones de del Rey, sumadas a su (por momentos) voz de niña bien del Upper East Side. El mundo, parece, ya está cansado del nacionalismo berreta de la tierra de la libertad, la democracia y las guerras en medio oriente.
Ocurre, sin embargo, que hay que matizar. No es necesario prestar demasiada atención para notar que Lana del Rey no hace una alabanza ciega al American Dream. Su mundo de Bel Air, atravesado de rimmel, vestidos rojos, tacos altos, Bugatti Veyron y Mountain Dew dietéticos, tiene una oscuridad que perturba y deja traslucir si no una crítica sí definitivamente un costado macabro al fetichismo consumista.
Para empezar, quienes hablan en las canciones de Lana del Rey son o esas mujeres dramáticas que entran en la oficina del detective privado oliendo a Channel n°5, hermosas pero alcohólicas, adictas y con un amplio historial delictivo, o bien las enfants terribles a lo Lolita (dicho sea de paso, del Rey tiene un tema homónimo), crecidas antes de tiempo dentro de las cuatro paredes de un internado católico de la Ivy League, rodeadas de la pandilla de las gossip girls Blair Waldorf y Serena van der Woodsen. Lo que estas mujeres muy dignas de Puig traen no es un mensaje moralizante del tipo “La plata no compra la felicidad”, sino que más bien vienen a afirmar todo lo contrario. Su idea es que la plata sí compra la felicidad, pero la felicidad es jugar a los videojuegos (“Video games”) con tu hombre cocainómano (“Off to the races”), ignorando hasta cuándo durarán los buenos tiempos (“Born to die”) en la medida en que se basen en las apariencias efímeras del universo del consumo (“Young and Beautiful”, “Blue Jeans” y “Radio”).
Con respecto a la música en sí, los productores de del Rey mezclan un sonido propio de las baladas de los años '40 y '50 a cargo de las cuerdas, con elementos de jazz, blues, trip-hop y pop difícilmente reconocible si se lo compara con el que Katy Perry o Lady Gaga vienen imponiendo. Del Rey, por su parte, juega muy bien con las alternancias entre estos géneros diversos, adaptando su voz (sin autotune), según la ocasión lo exija, al rol de la niña suburbana, bonita y salvaje, o al de la femme fatale de vestido rojo (siempre rojo) que ronronea y suspira ante la audiencia indiferente del music hall, entre tragos de whisky y bocanadas de Phillip Morris.
A todo esto, la imagen acompaña. Sus videos cuentan las historias que el cine del imperio nos ha legado, desde huidas con estereotipos de bad boys a lo James Dean, lágrimas, histeria e intentos de suicidio de señoritas de la high class solitarias en paraísos vacíos, e incluso una recreación del asesinato de Kennedy con un actor negro haciendo de presidente. Todo el dramatismo exagerado del melodrama que ya conocemos bien se intercala con primeros planos del rostro triste de del Rey, perdido eternamente en una mueca de entre aburrimiento y dolor por un pasado (real) de adicciones, que exhibe cuán personales y autobiográficas son las canciones que ella misma escribe, aportándole fuerza y credibilidad a versos que, desencarnados, podrían sonar a frase hecha o a lugar común (esto último, algo que del Rey pone efectivamente en juego para resignificar y dar giros nuevos al cliché).

Primer single del album "Born to die", "Video games", consta de una colección de clips filmados por la propia del Rey.

Segundo single de "Born to die", el video de la canción homónima presenta la historia (que de tan visitada podría ser ya un género) de la niña bien fugándose con el bad boy, encontrando un final trágico. 

"National Anthem" recrea el asesinato de Kennedy, con del Rey haciendo de Jacqueline Kennedy y el rapero ASAP Rocky haciendo de JFK. El clip se abre con del Rey cantando el feliz cumpleaños al presidente, emulando a Marilyn Monroe, y cierra de nuevo con del Rey, esta vez leyendo en off un monólogo de Jacqueline Kennedy acerca de su relación con el presidente de Estados Unidos. El video fue bien recibido por la crítica, pero generó polémica en Youtube, donde abundaron comentarios racistas. 


En suma, incluso con todas las reservas que puede despertar el pro-norteamericanismo en América Latina y puntualmente en Argentina después de los '90, Lana del Rey prueba que es más que una chica linda que repite estribillos en un culto inconsciente a lo superfluo. Tanto desde la letra como desde el sonido y la imagen, su música reúne elementos controversiales y heterogéneos de la cultura dominante, y los mezcla para dar con un producto que no termina de parecerse a nada que se esté haciendo en este momento. ¿Manifestación genuina de disconformidad o repetición de la misma devoción al American dream disfrazada de alternativa? Habrá que ir a escucharla a Villa Martelli el mes próximo. 

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