viernes, 26 de septiembre de 2014

Al teléfono con Leonard Cohen


Imagen. Son las tres de la mañana y no podés dormir. Sos un personaje de un cuento de Bukowski. Tomaste demasiado y agarrás el teléfono porque necesitás escuchar la voz de alguien, saber que hay alguien vivo incluso a esta hora, que no sos el único ser humano con insomnio. Y empezás a marcar números al azar. Nadie contesta, o si contestan te mandan al carajo. Eventualmente una voz no te manda al carajo. Sí, es una voz cansada. Como la tuya, de hecho. Es una voz vieja, rasposa. Pero es una voz al fin y al cabo. Y vos decís lo que sea que le quieras decir a esa voz sin cuerpo, le decís todo con esa confianza misteriosa que uno le tiene solamente a los completos extraños. La voz calla y te escucha sin interrumpirte. Entonces vos terminás de hablar y la voz empieza a contar lo suyo. Su historia puede ser parecida a la tuya o no, pero indefectiblemente es como si la hubieras vivido vos. No importa qué tan egocéntrico seas, no podés evitar escuchar a esa voz hasta el final con un interés casi ridículo, considerando que no tenés ni idea de quién está del otro lado. Íntima, apenas un susurro por momentos, esa voz telefónica es la voz del único hombre despierto a las tres de la mañana que puede hacerte compañía, y te está confesando la historia de su vida sin sentimentalismos, sin esa auto-compasión barata que tienen los relatos autobiográficos en su intento por justificarse. No dudás de que todo lo que la voz dice es cierto, porque no hay necesidad de mentirle a un extraño por teléfono. Esa voz sola a la madrugada es la voz de Leonard Cohen.
Es difícil decir qué canción de Cohen es la más conocida. En sus 80 años, Cohen ha sido citado, referido y versionado por diversos músicos. Sus canciones han sido incluidas en la banda de sonido de películas y series de televisión (“Hallellujah”, por ejemplo, suena en Shrek, Die fetten Jahren sind vorbei y Watchmen), a la vez que han sido mencionadas en obras literarias (entre ellas, en Libro de Manuel, del autóctono Cortázar). Artistas como Jorge Drexler, Joaquín Sabina, Kevin Johansen, Neil Diamond, Michael Bublé, Lana del Rey y Coldplay han rendido tributo de algún modo u otro a Cohen, versionándolo, traduciéndolo, adaptándolo o aludiéndolo como fuente de inspiración.
Lo cierto es que desde los 60 hasta la actualidad, pocos artistas han podido mantener y al mismo tiempo crear una audiencia como Cohen lo ha hecho a lo largo de medio siglo de trabajo. Su música (en algún lugar entre el jazz, el blues, el folk y el country) y sus letras saben hipnotizar a quien las escucha con atención. Y con atención es la única manera de escuchar a Cohen, porque lo suyo no es la música de fondo. En este 2014, tan prolífico en canciones sobre culos y twerking, Cohen se reafirma como uno de los pocos letristas que le quedan a la industria fuera del área del rap con su nuevo álbum Popular Problems (reconocido como una “obra maestra” por la crítica). Como en trabajos anteriores, Cohen canta hoy a sus 80 años acerca de la soledad en la ciudad, las mujeres, la nostalgia, el tiempo. También como en trabajos anteriores, sus temas tienen la reverberancia de lo sagrado con coros que por momentos parecen spirituals recitados en las veredas de las metrópolis, o plegarias a ser cantadas en una iglesia ficcional dedicada no a un dios sino al ser humano mismo. ¿Qué tiene entonces este álbum de distinto y por qué vale la pena escucharlo? Más allá de “porque es Leonard Cohen”, la razón es un tema como “Did I ever love you” o “My oh my”, donde Cohen, con su voz quebrada por el cigarrillo y (admitámoslo) por los años, canta como hace mucho que no lo escucho cantar, y uno puede sentir el esfuerzo en el desgarro de esa garganta acostumbrada a murmurar, y es realmente imposible no conmoverse. Es la misma sensación que puede transmitir Johnny Cash en su cover de “Hurt” pronunciando a sus 70 años “what have I become / my dearest friend”, sólo que en el caso de Cohen, esas palabras son “did I ever leave you/ was I ever able/ or are we still leaning/ across the old table”. 
En suma, el álbum es un punto a favor de la música de este año. Se lo puede escuchar gratis por streaming en sitios como Deezer o Spotify, preferiblemente a las 3 de la mañana y con insomnio. Finalmente, apenas cincuenta minutos más tarde, cuando la voz telefónica de Cohen se despida diciendo “you got me wishing/ our little love would last”, el sueño podrá venir o no, pero el desvelo sin dudas no será tan solitario. 

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