domingo, 30 de marzo de 2014

La lista de Borges

Ilustración: Ma Cecilia Villafañe


La relación de algunos escritores con la dictadura llevó a pensar, que la Sociedad Argentina De Escritores fue cómplice del accionar militar. Esta mirada fue aceptada por muchos años, teniendo en cuenta que Sábato y Borges asumieron un rol de defensores del régimen. Sin embargo la SADE fue una cosa bien distinta. La apuesta de esta institución por un almuerzo polémico. La lista de nombres de escritores desaparecidos que se le dio a Borges y nunca llegó a Videla. Conclusiones de una relación contradictoria y problemática.

El 19 de mayo de 1976, se produciría un almuerzo polémico para la institución literaria argentina: Videla recibía a Borges y Sábato.
Por años se creyó que la literatura oficial que se reúne en la SADE fue poco menos que cómplice de la dictadura. La afirmación parece confirmarse en el libro “Disposición Final” de Ceferino Reato. Ahí relata Videla, que Borges le dijo “Ave Cesar, vencedor de los peronistas”[1].
Sábato por su parte había sido militante del Partido Comunista (PC). El apoyo formal de Sábato pareció siempre responder a una política partidaria. A la afirmación del escritor: “La sociedad pedía a gritos la intervención de los militares”, se le suma la adhesión del PC de manera formal al gobierno militar.
Lo cierto es que Sábato por esa época ya ni militaba en el PC, era solo un escritor prestigioso y respetado en el mundo.
Lo que se conoce de dicha reunión es que tanto Sábato, como Borges elogiaron a Videla a quién entre otros adjetivos, lo caracterizaron como “modesto, culto, inteligente”. También le obsequiaron al dictador libros y hablaron de temas “nacionales” sin mucho más detalle que se haya revelado.

Algunas cosas sí, otras no
Sin embargo no todo es así en la historia oficial de la SADE. En ese almuerzo estaba el cura Castellani, el cual era amigo personal de Haroldo Conti, detenido y desaparecido. Él  mismo confirmará más tarde que le hizo saber a Videla su preocupación por Haroldo. Castellani fue el único que accedió a verlo según el relato del cura. La afirmación es confirmada por Hilda Guerra[2], que en esos años era de las pocas integrantes de la SADE. Así mismo Di Benedetto otro de los integrantes de la misma, estuvo preso con Conti y narró que este había sufrido la amputación de sus manos.
Constantini, Di Benedetto, entre otros, se exiliaron. El exilio les costó también la vida según narra Hilda, porque el exilio es una cosa muy dura. Murieron muy viejitos al llegar la democracia, a pesar de que apenas pasaban los sesenta años.
No obstante Castellani no fue el único que fue con pedidos. Uno de los libros entregados en el almuerzo, contenía una lista. Esta carta era una petición con nombres, apellidos, cédulas y fecha de desaparición de muchas figuras de la literatura que había elaborado la SADE según cuenta Guerra en la entrevista que le realicé en 2011.

Borges y Sábato
Guerra reconoce algo que Videla niega en “Disposición Final”. La lista de escritores desaparecidos entreverada en un libro que se le entregó a Borges, existió. Por algún motivo no llegó a destino. Lamentablemente no se puede confirmar: si fue de manera premeditada o se trató de un error, fatalidad del destino. Sin embargo las sospechas recaen sobre Borges porque este, además de su conocida posición política, lo felicitó.
Tampoco Borges ha desmentido o admitido haber entregado esa carta. La presunción es entonces que la carta fue realizada por la SADE, entregada por la misma institución, pero no entregada a destinatario por los singulares “carteros” de la ocasión. Esta afirmación se desprende de las palabras de Guerra,  y de la actuación del presidente de la institución Etchegaray
Sábato por el contrario trabajaba codo a codo con la SADE según reconoce Guerra. Fue él quien le pidió que conserve el cargo. Así mismo era persona de confianza de Etchegaray, por entonces presidente de la SADE, quien según palabras de Guerra se ocupaba de recibir las denuncias.
“Nos pusieron bombas, nos hicieron de todo” dice Guerra respecto a la situación vivida por la SADE durante el golpe. Es decir, contradice a la versión oficial que indica que la entidad se había olvidado de los escritores que sufrían la desaparición, persecución y muerte durante la dictadura.

Solo Literatura, nada más
También en “Disposición Final” se narra cómo se desarrolló el almuerzo. Cuenta Reato, según palabras de Videla, que Borges y Sábato no presentaron ninguna inquietud política. El único fue el Cura Castellani quién llevó a Videla a un lado y preguntó por un amigo que conocía de hace tiempo, un escritor que “no ha hecho nada malo”. La pregunta era por Haroldo Conti, Videla prometió hacer las averiguaciones. Hasta hoy Conti sigue desaparecido. Nada se sabe de su suerte más que la descripción que aportó Di Benedetto según narra Hilda Guerra: le habían cortado las manos, reptaba a comegalgos, y escribía con la boca.
Borges y Sábato se mantenían en la mesa, hablaban de literatura, temas técnicos, una charla muy enriquecedora sobre aspectos profesionales de la escritura, pero en un momento en que no debían hacerlo, enfrente estaba Videla, la mesa era claramente política, no literaria. Errores de interpretación por parte de ellos u omisión deliberada.
Luego llegó lo ya conocido, el dictador era de pronto un “hombre, modesto, culto e inteligente”, un “ave cesar, vencedor de peronistas, el hombre que sacó al país de la ignominia”. Palabras literarias, ni un solo cuestionamiento.
Al terminar, Borges salió rápido, antes invitó a los protagonistas a su casa para tomar un café, pero no los recibió alegando dolores estomacales.
El caso Dorronzoro
Muchos son los nombres conocidos que aporta la literatura a las listas de desaparecidos en la dictadura, Conti, Urondo, Walsh, entre otros son los más resonantes que las engrosan. Sin embargo, el caso Dorronzoro es el más fuerte que vivió Hilda Guerra. Fueron amigos, y él recibía muchos escritores en su casa de Luján. Un retrato del Che y la convicción socialista del joven poeta que no llegó a publicar, eran las características de este hombre que desapareció dos veces.
La primera fue precisamente en la previa a la presentación de la primera novela de Hilda La fuente de los bailarines, cuenta Guerra que se lo llevaron y le hicieron varios simulacros de fusilamiento. Luego, lo liberaron.
La segunda vez no volvió a aparecer. Hilda le escribiría un poema para recordarlo.
Dorronzoro sería secuestrado un mes y seis días después de la reunión de Borges y Sábato con Videla. Esto parece confirmar que en la reunión no se trató el tema de escritores desaparecidos.


Algunas conclusiones

En este caso se demuestra según la entrevista con Guerra que la SADE no cooperó con la dictadura-cívico-militar, sino todo lo contrario. Elaboró listas de escritores desaparecidos, denunció ante organismo de DDHH las irregularidades, se ocupó de contener a las familias y al mismo tiempo sufrió atentados. Hubo un momento donde debieron elegir, y todos sus integrantes terminaron renunciando y exiliándose.
El caso de Borges y de Sábato es para detenerse a un análisis más profundo. Ambos apoyaron a la dictadura de una u otra forma. De la entrevista no se desprende nada claro, ni tampoco menciona la escritora si Borges y Sábato hablaban puntualmente del tema. Esto genera las dudas que sobre ellos recaen. Sus declaraciones de la época van en dirección de confirmar una cierta complicidad y apoyo deliberado a las acciones de la dictadura. Sin embargo la SADE apoyó también el almuerzo para acercar la famosa lista que nunca llegó a destino.
¿Por qué esta lista no fue entregada?
Es un secreto que Borges no le reveló ni a las Madres de Plaza de Mayo en su acercamiento en los últimos años del proceso. El enigma abre dudas sobre la colaboración del escritor con la dictadura. Y he aquí el dilema moral, la omisión de la lista ¿convierte a Borges en cómplice de las desapariciones?
Sábato fue quien pudo limpiar su imagen. La citación por parte de Raúl Alfonsín para escribir el Nunca Más, y su participación en la CONADEP, parecen ser hechos producto de un arrepentimiento,  más que un “desconocimiento” por parte del escritor, del accionar de los militares en el poder.
La relación institución literaria-dictadura es por lo menos contradictoria. Asumirla como problemática, y dar a conocer las contradicciones que existía entre escritores en su posición frente a la dictadura no hace a la institución de la literatura puramente cómplice. La SADE fue una cosa bien distinta a sus dos escritores representativos. Así lo demuestra el accionar de Etchegaray y Guerra durante esos años.




[1] Reato Ceferino, Disposición Final, ED Sudamericana
[2] Nota en http://redaccionundav.blogspot.com.ar/2012/06/la-poesia-es-la-resistencia.html

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