Ilustración: Ma Cecilia Villafañe
La
relación de algunos escritores con la dictadura llevó a pensar, que la Sociedad
Argentina De Escritores fue cómplice del accionar militar. Esta mirada fue
aceptada por muchos años, teniendo en cuenta que Sábato y Borges asumieron un rol
de defensores del régimen. Sin embargo la SADE fue una cosa bien distinta. La
apuesta de esta institución por un almuerzo polémico. La lista de nombres de
escritores desaparecidos que se le dio a Borges y nunca llegó a Videla.
Conclusiones de una relación contradictoria y problemática.
El 19 de mayo de 1976, se
produciría un almuerzo polémico para la institución literaria argentina: Videla
recibía a Borges y Sábato.
Por años se creyó que la
literatura oficial que se reúne en la SADE fue poco menos que cómplice de la
dictadura. La afirmación parece confirmarse en el libro “Disposición Final” de Ceferino Reato. Ahí relata Videla, que
Borges le dijo “Ave Cesar, vencedor de los peronistas”[1].
Sábato por su parte había
sido militante del Partido Comunista (PC). El apoyo formal de Sábato pareció siempre
responder a una política partidaria. A la afirmación del escritor: “La sociedad
pedía a gritos la intervención de los militares”, se le suma la adhesión del PC
de manera formal al gobierno militar.
Lo cierto es que Sábato por
esa época ya ni militaba en el PC, era solo un escritor prestigioso y respetado
en el mundo.
Lo que se conoce de dicha
reunión es que tanto Sábato, como Borges elogiaron a Videla a quién entre otros
adjetivos, lo caracterizaron como “modesto, culto, inteligente”. También le obsequiaron
al dictador libros y hablaron de temas “nacionales” sin mucho más detalle que
se haya revelado.
Algunas
cosas sí, otras no
Sin embargo no todo es así
en la historia oficial de la SADE. En ese almuerzo estaba el cura Castellani,
el cual era amigo personal de Haroldo Conti, detenido y desaparecido. Él mismo confirmará más tarde que le hizo saber
a Videla su preocupación por Haroldo. Castellani fue el único que accedió a
verlo según el relato del cura. La afirmación es confirmada por Hilda Guerra[2], que en esos años era de las
pocas integrantes de la SADE. Así mismo Di Benedetto otro de los integrantes de
la misma, estuvo preso con Conti y narró que este había sufrido la amputación
de sus manos.
Constantini, Di Benedetto,
entre otros, se exiliaron. El exilio les costó también la vida según narra
Hilda, porque el exilio es una cosa muy dura. Murieron muy viejitos al llegar
la democracia, a pesar de que apenas pasaban los sesenta años.
No obstante Castellani no fue
el único que fue con pedidos. Uno de los libros entregados en el almuerzo,
contenía una lista. Esta carta era una petición con nombres, apellidos, cédulas
y fecha de desaparición de muchas figuras de la literatura que había elaborado
la SADE según cuenta Guerra en la entrevista que le realicé en 2011.
Borges
y Sábato
Guerra reconoce algo que
Videla niega en “Disposición Final”.
La lista de escritores desaparecidos entreverada en un libro que se le entregó
a Borges, existió. Por algún motivo no llegó a destino. Lamentablemente no se
puede confirmar: si fue de manera premeditada o se trató de un error, fatalidad
del destino. Sin embargo las sospechas recaen sobre Borges porque este, además
de su conocida posición política, lo felicitó.
Tampoco Borges ha desmentido
o admitido haber entregado esa carta. La presunción es entonces que la carta
fue realizada por la SADE, entregada por la misma institución, pero no
entregada a destinatario por los singulares “carteros” de la ocasión. Esta
afirmación se desprende de las palabras de Guerra, y de la actuación del presidente de la
institución Etchegaray
Sábato por el contrario
trabajaba codo a codo con la SADE según reconoce Guerra. Fue él quien le pidió
que conserve el cargo. Así mismo era persona de confianza de
Etchegaray, por entonces presidente de la SADE, quien según palabras de Guerra se ocupaba de recibir
las denuncias.
“Nos pusieron bombas, nos
hicieron de todo” dice Guerra respecto a la situación vivida por la SADE durante
el golpe. Es decir, contradice a la versión oficial que indica que la entidad se había olvidado de
los escritores que sufrían la desaparición, persecución y muerte durante la
dictadura.
Solo
Literatura, nada más
También en “Disposición
Final” se narra cómo se desarrolló el almuerzo. Cuenta Reato, según palabras de
Videla, que Borges y Sábato no presentaron ninguna inquietud política. El único
fue el Cura Castellani quién llevó a Videla a un lado y preguntó por un amigo
que conocía de hace tiempo, un escritor que “no ha hecho nada malo”. La
pregunta era por Haroldo Conti, Videla prometió hacer las averiguaciones. Hasta
hoy Conti sigue desaparecido. Nada se sabe de su suerte más que la descripción que
aportó Di Benedetto según narra Hilda Guerra: le habían cortado las manos,
reptaba a comegalgos, y escribía con la boca.
Borges y Sábato se mantenían
en la mesa, hablaban de literatura, temas técnicos, una charla muy
enriquecedora sobre aspectos profesionales de la escritura, pero en un momento
en que no debían hacerlo, enfrente estaba Videla, la mesa era claramente
política, no literaria. Errores de interpretación por parte de ellos u omisión
deliberada.
Luego llegó lo ya conocido,
el dictador era de pronto un “hombre, modesto, culto e inteligente”, un “ave
cesar, vencedor de peronistas, el hombre que sacó al país de la ignominia”.
Palabras literarias, ni un solo cuestionamiento.
Al terminar, Borges salió
rápido, antes invitó a los protagonistas a su casa para tomar un café, pero no
los recibió alegando dolores estomacales.
El
caso Dorronzoro
Muchos son los nombres
conocidos que aporta la literatura a las listas de desaparecidos en la
dictadura, Conti, Urondo, Walsh, entre otros son los más resonantes que las
engrosan. Sin embargo, el caso Dorronzoro es el más fuerte que vivió Hilda
Guerra. Fueron amigos, y él recibía muchos escritores en su casa de Luján. Un
retrato del Che y la convicción socialista del joven poeta que no llegó a
publicar, eran las características de este hombre que desapareció dos veces.
La primera fue precisamente
en la previa a la presentación de la primera novela de Hilda La fuente de los bailarines, cuenta
Guerra que se lo llevaron y le hicieron varios simulacros de fusilamiento.
Luego, lo liberaron.
La segunda vez no volvió a
aparecer. Hilda le escribiría un poema para recordarlo.
Dorronzoro sería secuestrado
un mes y seis días después de la reunión de Borges y Sábato con Videla. Esto
parece confirmar que en la reunión no se trató el tema de escritores
desaparecidos.
Algunas
conclusiones
En este caso se demuestra
según la entrevista con Guerra que la SADE no cooperó con la
dictadura-cívico-militar, sino
todo lo contrario. Elaboró listas de escritores desaparecidos, denunció ante
organismo de DDHH las irregularidades, se ocupó de contener a las familias y al
mismo tiempo sufrió atentados. Hubo un momento donde debieron elegir, y todos
sus integrantes terminaron renunciando y exiliándose.
El caso de Borges y de
Sábato es para detenerse a un análisis más profundo. Ambos apoyaron a la
dictadura de una u otra forma. De la entrevista no se desprende nada claro, ni
tampoco menciona la escritora si
Borges y Sábato hablaban puntualmente del tema. Esto genera las dudas que sobre
ellos recaen. Sus declaraciones de la época van en dirección de confirmar una
cierta complicidad y apoyo deliberado a las acciones de la dictadura. Sin
embargo la SADE apoyó también el almuerzo para acercar la famosa lista que
nunca llegó a destino.
¿Por qué esta lista no fue
entregada?
Es un secreto que Borges no
le reveló ni a las Madres de Plaza de Mayo en su acercamiento en los últimos
años del proceso. El enigma abre dudas sobre la colaboración del escritor con la
dictadura. Y he aquí el dilema moral, la omisión de la lista ¿convierte a
Borges en cómplice de las desapariciones?
Sábato fue quien pudo
limpiar su imagen. La citación por parte de Raúl Alfonsín para escribir el Nunca Más, y su participación en la
CONADEP, parecen ser hechos producto de un arrepentimiento, más que un “desconocimiento” por parte del
escritor, del accionar de los militares en el poder.
La relación institución
literaria-dictadura es por lo menos contradictoria. Asumirla como problemática,
y dar a conocer las contradicciones que existía entre escritores en su posición
frente a la dictadura no hace a la institución de la literatura puramente
cómplice. La SADE fue una cosa bien distinta a sus dos escritores representativos.
Así lo demuestra el accionar de Etchegaray y Guerra durante esos años.

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