jueves, 6 de marzo de 2014

El carro de René y la revolución remasterizada.



           
Como es de público conocimiento, hoy mismo se dará a conocer el nuevo video de Calle 13 en el que René Pérez, “Residente”,  cantante y protagonista de la banda, destruye el Maserati comprado años atrás a través de las ganancias de los primeros espectáculos. Esta noticia suscitó una controversia en las redes sociales dado que el cantante aseguró haber destruido el auto a manera de acto simbólico contra la violencia.

            El escándalo giró en torno a tres cuestiones: romper algo no puede ser un acto contra la violencia; destrozar un auto lujoso no es un acto revolucionario; la banda vende una pose revolucionaria y, a ojos del espectador twittereano, fracasa.  
            La próxima publicación del video quizás sirve para preguntarnos: ¿Qué hay de revolucionario en el dispositivo artístico de Calle 13? O ¿Cuáles son los modos de lo revolucionario en la producción y en la recepción de las intervenciones de la banda?
Unas palabras del autor para alentar la crítica constructiva:” Residente C13/ RC13 ‏@Calle13Oficial  2 h La lectura simple de las cosas, sin mucha búsqueda es ese mal que nos arropa en este mundo complicado. En algún momento todos la ejercimos”

            Para leer a C13 habría que partir de la distinción entre  obra de artista y  dispositivo artístico de la banda para remarcar la necesidad de entender el fenómeno Calle 13, no desde el aislamiento espectacular que supone cada tema, cada video, cada entrevista en su estatismo individual, sino desde el dinamismo de un fenómeno estético plural cuyo modo de intervención funciona a través del conjunto de esas manifestaciones, así como a través de una trayectoria progresiva que se revisa a sí misma y que hace participar a otro a través de distintas operaciones que buscan construir lo colectivo.

            Para empezar y respecto de la noticia de hoy, la banda nos hace reconsiderar el tiempo mismo de la experiencia contemplativa a través de una alteración en el orden de las publicaciones en torno al espectáculo mismo. Sin ir más lejos, esta crítica fue comenzada a escribir antes de que el video fuera publicado en las redes sociales y colgado en You Tube[1] y no a causa de las inclinaciones esotéricas de la crítica, sino porque el sistema de prensa (parte del fenómeno artístico de la banda) ha decidido publicar la noticia antes que el video mismo y hasta se ha adelantado otro video del “Making of” (Hechura…) de la destrucción del auto. Este aparato mediático montado en torno a lo que podría ser la obra aislada del video transforma los modos de contemplación del espectáculo, adaptándolos al medio virtual de publicación: los portales y las redes sociales que rodean You Tube.  El espectador llegará al video con un conocimiento previo de la polémica que este  suscita.
 Lo interesante es que la polémica no es atribuida desde fuera, no es una obviedad producto de las redes sociales que transforman a los sujetos en polemizantes crónicos.  No. La polémica ha sido  el modo de funcionar del Residente desde los primeros discos, “Rimando con franqueza soy más polémico que cualquier académico” nos anuncia en “Digo lo que pienso” del álbum Entren los que quieran. A través de la interpelación directa a un otro y a través del campo semántico de la violencia, polemizar es uno de los dispositivos productivos del residente, tópico del tema “Que lloren”, donde deja clara la diferencia entre su yo y el de “los llorones del género del reggaetón”:

“Como las gallinas tu cacareas
Es muy fácil ser esclavo de la industria
Navegando a favor de la marea
Te vendiste más barato
Que una prostituta en la autopista
Esa es la diferencia entre un negociante y un artista”
                   (“Que lloren”:Los de atrás vienen conmigo: 2009)

            En este uso de la polémica se inserta el nuevo dispositivo artístico C13, (el video, pero también sus noticias, comentarios y su “Making of”” de anticipo), y desde éste es donde podemos apreciar mejor las pequeñas revoluciones que propone..
Como, por la hora,  todavía no tuve la oportunidad de ver el video, me remito a los avances del “Making of”. El modo en que ingresa un elemento tan cargado (cuac) simbólicamente como las armas en la representación (recordemos que en la noticia se anuncia que el auto se destruye lleno de armas y joyas),  también impone una distancia respecto de la representatividad estadounidense. Las armas en el video de C13 ingresan desde la cotidianidad de un Puerto Rico, proyectivamente de una Latinoamérica, donde la marginalidad y la pobreza se entrecruzan con una distribución de las armas que se suma a un panorama de desigualdad social diferente de la situación estadounidense y de su sistema/industria que distribuye armas legales y democráticas.  
Una vez aquí nos preguntamos: ¿puede la destrucción de un auto ser un acto en contra de la violencia? Sin duda, no. Sin embargo, ¿es esta la violencia de la que habla el video? ¿Contra qué violencia se hace este acto “simbólico”? A este respecto, no hay que olvidar la insistencia de la banda en la desigualdad social como un fantasma permanente que persigue la conciencia del Residente, que forma parte de su biografía (ficcional, poética) y que se vuelve objeto de representación de todos los discos. El vandalismo, la destrucción, la agresión verbal, el delito, son los recursos de quien no tiene recursos para devolver la violencia social que la pobreza producto de la explotación capitalista y la desigualdad entre clases imprime en los cuerpos del continente. Calle 13 pretende hacerse cargo de esta expresión, de la voz que falta en los medios, en las redes sociales y en You Tube, la del marginal, del residente, y busca hacerlo no desde los modos de representación pautados por Hollywood, sino a través de la inclusión de esa agresión social que toma la forma del insulto, de la amenaza, del deseo morboso de agredir al otro. En este sentido “Calma Pueblo” del disco Entren los que quieran podría tomarse como manifiesto de su poética donde también se explicita la relación diferencial con el mercado:

Calma pueblo que aquí estoy yo 
Lo que no dicen lo digo yo 
Lo que sientes tu , lo siento yo 
Porque yo soy como tu tu eres como yo 
Yo uso al enemigo A mí nadie me controla 
Le tiro duro a los gringos y me auspicia cocacola 
De la canasta de frutas soy la única podrida 
Adidas no me usa , yo estoy usando adidas 
Mi Estrategia es diferente.. Por la salida Entro 
Me infiltro en el sistema y exploto desde a dentro 
todo lo que les digo es como el aikido 
uso a mi favor la fuerza del enemigo 
(Calma Pueblo: Entren los que quieran:

La violencia discursiva manifestada en una poética cargada de agresiones verbales y del uso del campo semántico de la sexualidad y del cuerpo de la gran mayoría de las canciones de la banda, propias del género (rap? rock?), acompañan el distanciamiento respecto de un otro sometido al mercado, pero no constituyen por sí mismas el distanciamiento. El posible abuso de este procedimiento propio del género es también objeto de reflexión y revisión de la poética de la banda:

(…)creo que a veces me paso de la raya con mi letra violenta, 
también creo que no voy a llegar hasta los 40, no me importa 
si todo lo que escribo a ustedes los ofende. 

Tampoco me importa un carajo si este disco vende, 
si yo quisiera vender algo montaba una tienda. 
Prefiero regalarte música, aunque tú no la entiendas, 
yo digo 50 malas palabras por segundo, 
porque la verdad es que me gustaría cambiar este puto mundo.
(“Ven y Criticame”: Los de atrás vienen conmigo: 2009)

Insisto en este detalle porque pareciera que por el hecho de considerarse artistas  “comprometidos” o “revolucionarios”  (términos que dan vueltas en las redes sociales, pero que creo que deberían reducirse a algo más simple como “artistas sociales en las redes”) se les pueden hacer objeciones a las manifestaciones del dispositivo artístico por fuera de la estética misma de la banda. Lo revolucionario en el género no radica en el uso de la agresión verbal, golpe al gusto de clase que a pesar de no ser novedad sigue doliendo en las mejillas de la clase media actual. En tal caso, lo que la banda revoluciona es la distribución de los papeles entre los agentes afectados. De no ser así, C13 no sería la única censurada en Puerto Rico, dado que, en última instancia el destinatario permanente de las canciones no es tanto la máscara individual de cada “reggaetonero, religioso, político, moralista”, sino un todo social y gubernamentativo que sostiene la desigualdad a través de un capitalismo servil, blanco interpelativo de la banda que se va renovando en cada “otro” provisorio que crean las canciones.

Así como la identidad del artista se transforma en “marioneta” del proyecto colectivo de la banda El residente acaparó los medios de repente, casi como un asalto, se metió dentro del cuerpo de un joven en Trujillo Alto Al joven René Pérez lo convirtió en su marioneta, le robó su identidad completa” (“Intro- Crónica de un Nacimiento”: Los de atrás vienen conmigo: 2009); así, cada destinatario de las polémicas no debiera ser leído como otro referencial concreto, sino como máscaras que encarnan las identidades-producto de un sistema social capitalista desigual.
           
No es la destrucción del auto lo que constituye el fenómeno artístico, sino su representación  y reproducción  en el medio de la espectacularización que supone y epitomiza You Tube. Ni Calle 13 inventa las reglas del espectáculo, ni destruir un auto significa luchar contra el capitalismo, (¿cuántos autos por año son destruidos estúpidamente por el uso y el desuso de los conductores estadounidenses?), ni renegar del lujo (para romper un auto hay que tenerlo…). El video juega con estos valores que son propios del show yankee, del video del cantante renegado que destruye sólo por y para el espectáculo. El Residente está en el límite, se ha convertido él mismo en un showman de la rebeldía y ha sabido hacer de ella un imán que captura público a través de una poética que refleja  la violencia simbólica y discursiva de una sociedad. Lo segundo que se cuestiona a la banda es el uso de esta estética, insisto, propia del género del rap, extranjera, impuesta, yankee, como una estrategia de venta. La banda queda aparentemente atrapada en un callejón sin salida: ¿denuncia para vender o vende para denunciar con más medios?  Pero esta es, si se quiere, la relación paradójica del artista con el mercado, sobre la cual la banda sostiene una discusión permanente en sus letras. O es quizás la relación del arte mismo concebida como esfera autónoma que no puede intervenir sobre la sociedad. A este respecto cabría preguntarse ¿cómo interviene Calle 13 en la sociedad desde You Tube?

En el tema del video “Adentro” se interpela a un ¿rapero? (que prefiero dejar en el anonimato para mantener la nadificación a que  somete la banda a todos los raggaetoneros que critica) que se autorrepresenta a través del uso de armas:

No hay problema en que tengas 
enemigos imaginarios 
Pero sí en que los chamaquitos 
crean que eres un sicario 

Tú no has vivido 3 carajos de dificultad 
en tu vida, a ti no te falto la escuela 
no te falto comida 

Si la gente del congo 
hubiese tenido tus oportunidades, 
estarían graduados de las mejores 
universidades 
(…)
O te llevo para siria 
pa’ que sientas los bombazos 
y veas como dejaron a los chamaquitos 
sin brazos 
(“Adentro”, MultiViral:2014)

En este nuevo tema el Residente interpela al rapero que hace un mal uso de la violencia para construir su personaje, y lo hace  a través de la publicación de un video que pretende intervenir los modos pautados de la representación de la violencia. Y lo hace desde You Tube, pero no para You Tube, sino para esos “chamaquitos” que creen que lo que sale en pantalla es “lo cool” (parafraseando la entrevista en la radio Vorterix). You tube es el medio, en una sociedad espectacularizada, pero no es el fin. No se publica para obtener “likes”, “tweets” o vistas, sino para alterar los modos de representación que llegan al mismo barrio del artista.

La relación entre lo local y lo internacional, entre lo público y lo comunitario redistribuye sus papeles en esta publicación. El público al que se dirige la banda no es el espectador de You Tube, sino “los chamaquitos”. No se habla desde Puerto Rico para el mundo, sino desde el mundo (desde You Tube) a Puerto Rico.  En ese gesto de uso y desprecio del espectador youtubiano radica otra  intervención sobre los modos de recepción. Como un voyeur político el mundo ve a Puerto Rico, conoce a La Perla a través de las pantallas de sus dispositivos hogareños. Puerto Rico se mete en la pantalla de Latinoamérica para verse a sí mismo. El artista interviene los modos de representación de su barrio a través de You Tube.

La violencia física ejercida sobre el auto, representada en el acto simbólico de su destrucción funciona como compensación espectacularizada de la violencia social de la que la banda intenta representar  y hacerse cargo. Violencia física en compensación de violencia simbólica. Ahora bien, ¿puede decirse que es esto sólo un método de venta? ¿Es lo mismo romper un auto en Hollywood que hacerlo en La Perla o en cualquier barrio marginal del continente?

Aun si tuviéramos en ambos países el mismo show, ¿es lo mismo grabar desde un país que impone la guerra fronteras afuera y legaliza y populariza las armas fronteras dentro como una más de sus industrias, que hacerlo desde un país agotado por la miseria producto de la explotación imperialista, donde las armas que ingresan fronteras adentro no son fabricadas allí sino que su importación es aprobada o al menos permitida por un gobierno y masivizada a causa de la pobreza estructural de la sociedad y de pautas culturales relacionadas con años de colonización, explotación y miseria? ¿Es lo mismo utilizar un auto cualquiera emblema del lujo y la producción capitalista, que usar el auto de la persona biográfica detrás del artista para hacerlo ingresar a la obra, a la pantalla?   Sólo desde la visión del espectador youtubiano que confunde su silla y su pantalla con la de cualquier otro lugar del mundo, en una ilusión democrática donde todo debe parecer igual a todo y donde todos somos iguales en la recepción, los dos videos serían iguales.

El nuevo video de Calle 13 es un acto simbólico en contra de la violencia social y es un emblema de la revisión del proyecto artístico de la banda. El residente “sacrifica” sólo el valor económico del auto para darle un nuevo valor simbólico en el dispositivo artístico. Se revisa la biografía y se la resignifica para ponerla al servicio de la obra.
Yo te propongo Residente, que para taparles la boca a los que lloran por cómo podrías haber invertido el auto en un acto de caridad (como si no los hicieras, como si Calle 13 fuera una ONG y no un grupo de artistas), te propongo que le des los restos del metal a un buen artesano y hagas un gran supositorio y lo subastes por Twitter para que todos los espectadores Youtubianos lo guarden “Adentro”.

Dicho esto, me voy a ver el video que me está esperando.




[1] LA radio Vorterix lo ha anticipado a través de la transmisión online esta mañana. Debido al peso de la conexión no tuve la oportunidad de verlo por este medio.

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